OBRA DE TEATRO QUE UNAS MAMÁS DEL COLE HAN REPRESENTADO PARA VUESTROS HIJOS (SE HA READAPTADO PARA INFANTIL Y PARA PRIMARIA)

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EL FONDO DEL ESCENARIO ES UNA LUNA GIGANTE QUE SONRÍE Y QUE VISTE CON UN GORRO DE PAPÁ NOEL.
EL ESCENARIO ESTÁ A OSCURAS. TAN SÓLO LA LUNA ESTÁ ILUMINADA.

ESCENA 1:

ENTRA UNA ALEGRE MAMÁ EN LA HABITACIÓN Y PREPARA, SOBRE EL SUELO, SEIS SÁBANAS, FORMANDO SEIS CAMAS.
LA MAMÁ CANTA UN VILLANCICO MIENTRAS PREPARA LA CAMA.
CUANDO PREPARA LA PRIMERA CAMA GRITA: “JUANITO ¿TE HAS LAVADO LOS DIENTES? UNA VOZ INFANTIL LE RESPONDE EN GRITOS, FUERA DEL ESCENARIO: SÍ, MAMÁ, YA ESTOY TERMINANDO.
CUANDO PREPARA LA SEGUNDA CAMA GRITA: “TERESA ¿TE HAS TERMINADO YA LA CENA?. SÍ, MAMÁ. ME QUEDA UN TOMATE.
CUANDO PREPARA LA TERCERA CAMA GRITA: “CARMEN ¿TE HAS PUESTO EL PIJAMA? NO MAMÁ, ESTOY TERMINANDO.
CUANDO PREPARA LA CUARTA CAMA GRITA: “PAQUITO ¿HAS GUARDADO TUS LIBROS PARA MAÑANA? CUANDO ACABE EL CAPÍTULO DE PEPA PIG.
CUANDO PREPARA LA QUINTA CAMA GRITA: “AFRICA ¿HAS HECHO PIS? SÍ MAMÁ. YA VOY.
CUANDO PREPARA LA SEXTA CAMA GRITA: “LOPE ¿HAS DADO UN BESO A PAPÁ? SÍ MAMÁ, ES QUE ME ESTÁ ABRAZANDO
LA MAMÁ SALE DE LA HABITACIÓN.

ESCENA 2

Niño primero entra en la habitación con el cepillo de dientes aún en la boca. Pasea por la habitación y se mete entre sus sábanas con su peluche. Se tapa, mira al público, y dice:
Me gustaría despertarme todos los días y pensar que, al igual que yo, todos los niños del mundo han despertado al sonido de la canción de cariño de mamá, y no al sonido de una sirena que avise del peligro de una bomba.
El niño se echa a dormir, se estira, bosteza, y la luz se apaga. Duerme.

ESCENA 3

Se enciende la luz. El niño primero sigue dormido. El Niño segundo pasea por la habitación, coge su juguete del armario, y se va a la cama y dice:
Me gustaría levantarme por las mañanas y pensar que, al igual que yo, todos los niños del mundo van a tomar un vaso de leche y unas galletas, o una tostada, o lo que prefiera cada uno tomar.
En ese momento, el otro niño se incorpora también y juntos gritan: ¡que ninguno pase hambre! Y los dos se echan a dormir. Y se apaga la luz.

ESCENA 4

Niño tercero: igual que los otros. Entra en la habitación, pasea, coge su juguete del armario, y se mete en la cama, y dice:
Me gustaría levantarme por las mañanas y saber que todos los niños del mundo lo han hecho en una cama, y no en el frío suelo, y que todos han dormido con pijama y una manta que les aleje del frío
Los tres juntos, incorporados, gritan: ¡que ninguno pase frío!
Y los tres se echan a dormir. Y se apaga la luz.

ESCENA 5

Niño cuarto: siempre igual. Entra en la habitación, pasea, coge su juguete del armario, y se mete en la cama, y dice:
Me gustaría levantarme por las mañanas e ir a la escuela y disfrutar, y pasarlo bien, y conocer mejor a mis amigos, y a los que aún no lo son… Y aprender muchas cosas.
Los cuatro Juntos: ¡que a ningún niño le priven de tener amigos!
Y los cuatro se echan a dormir. Y se apaga la luz.

ESCENA 6

Niño quinto: siempre igual. Entra en la habitación, pasea, coge su juguete del armario, y se mete en la cama, y dice:
Me gustaría levantarme por la mañana y saber que todos los niños del mundo van a esa misma hora a un colegio y no a trabajar a una mina, o a una guerra, o a cualquier otro sitio donde no se disfrute.
Los cinco Juntos: ¡que a ningún niño le priven de ir a la escuela!
Y los cinco se echan a dormir. Y se apaga la luz

ESCENA 7

Niño sexto: igual. Siempre igual. Entra en la habitación, pasea, coge su juguete del armario, y se mete en la cama, y dice:
Me gustaría levantarme por la mañana y saber que todos los niños del mundo tienen unos papás como los míos, unos papás que no les dan azotes, sino solo besos.
Los seis niños juntos: ¡que a ningún niño lo maltraten!
Y los seis se echan a dormir. Y se apaga la luz

ESCENA 8

Niño siete entra en la habitación. Este les mira a todos y después al público, y dice:
Me gustaría despertar un día y que todo lo que han dicho mis amigos fuera tan cierto como que todos vosotros estáis viendo esta obra con una sonrisa en la boca.
El niño se mete en la cama, y antes de dormirse dice: LO MALO ES QUE ESTO NO HA SIDO MAS QUE UN SUEÑO… OJALÁ FUERA VERDAD ALGÚN DÍA. HASTA MAÑANA.

ESCENA 9

La mamá entra en escena otra vez. Hace como que apaga la luz, cierra la ventana, y les da un beso a cada niño en la frente.
La mamá, antes de salir, les mira y les dice: Hasta mañana corazón. Ojalá se cumplan todos tus sueños. ES NAVIDAD, Y NO OLVIDES QUE EN NAVIDAD TODO ES POSIBLE ¡TODO!

Fin

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TRESCIENTOS CINCUENTA Y UNO CON CINCUENTA Y SIETE

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351,57!!!
¿Que qué es eso?
Eso es la cantidad de besos que hay que darle a cada uno de los niños que han pasado hoy por el pabellón de dirección para conseguir dinero para su cole.

1.000.000!!!
¿Que qué es eso?
Eso es la cantidad de besos que hay que darle a cada una de las mamás que han pasado la mañana montando y desmontando, vendiendo, y haciendo sonreír a todos y cada uno de esos niños que por allí han pasado.

¡¡¡GRACIAS DUQUE DE RIVAS!!!
Gracias a padres, madres, dirección, conserje, maestros y maestras, y, sobre todo, a esos enanos que nos vuelven locos y que no dejan de sorprendernos.
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Gracias a Mónica, Zainab, Ralla, Vanessa, Susana, Najima, Elisa y la jefa Nerea.
Y gracias a Nati, la gran jefa en la sombra.

El mercadillo ya está listo

Ya está aquí el mercadillo de Navidad del Duque.

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Un grupo de mamás llevan mucho tiempo preparándolo con una ilusión desbordante, y mañana estarán allí desde las 9:00 hasta las 15:00 para hacer felices a nuestros hijos y, de paso, ayudar al cole.
El dinero irá destinado a reponer parte del material robado.

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Dadle moneditas para que puedan comprar sus juguetes, y, si podéis, pasad por allí con ellos.

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Y recuerda:
Una sonrisa enriquece a quien la recibe sin empobrecer a quien la da.

Gracias a Nerea y a sus ayudantes
Monica, Zainab, Ralla, Vanessa, Susana, Najima, y Elisa.

EL CUENTO DE NAVIDAD DEL DUQUE DE RIVAS

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Érase una vez que se era una hora bien temprana, en un día tardío, en el último mes de un año que ya se acababa. Como ya te he dicho era por la mañana, y para ser más exactos eran las nueve de la mañana. Las nueve y un segundo, y dos, y tres, y cuatro, y five, and six, and seven…
El cielo parecía ceniciento, casi nublado. Las hojas amarillentas de los árboles luchaban aún para no caer al suelo… Eso, las que aún tenían la suerte de permanecer asidas a las ramas de los troncos.
Hacía frío… Mucho frío, pero no tanto como otros años.
¿Por qué en estas fechas, en las que quizás haga más frío que nunca, ese frío se siente de otra manera, casi como si fuera calor? ¿Por qué nuestras ropas nos abrigan más que en los otros meses del crudo invierno? ¿Por qué las bufandas parecen tener dedos que nos acarician el cuello y labios que nos besan la cara? ¿Y por qué esos gorros de lana parecen los cuerpos de nuestros papás durmiendo a nuestro lado? ¿Y por qué el frío no nos molesta?…
La respuesta es bien simple:
PORQUE ES NAVIDAD.
En Sevilla la Nueva, un pequeño y apacible pueblo que descansa alejado de la blanca sierra madrileña, el frío era intenso ese día, pero no en El Duque, uno de sus colegios, donde tan bien se respiraba ya la navidad.
Las clases, gracias a los adornos y a las velas que cada uno había pintado, se habían convertido en postales navideñas, los profesores se hacían también alumnos, y cantaban y reían con sus amiguitos que pronto emigrarían a casa de sus abuelos.
Todas las clases respiraban ya Navidad y alegría, pero había una especial, una a la que llamaban la preciosa clase de Cristina, en la que la navidad era más hermosa aún que en el resto.
Esa clase estaba repleta de niños y niñas, todos iguales, todos diferentes… Pero todos – sin excepción – con una cosa en común: ¡¡¡SE ADORABAN!!!
En esa clase no había compañeros… En esa clase había hermanos.
Esos días de Diciembre eran los últimos días de clase de ese año al que llamaban aún 2015.
Todos los niños, como todas las mañanas, entraron en su clase, se quitaron sus abrigos y se sentaron en sus mesas. Pero esa fría mañana de Diciembre había algo diferente… Algo extraño y que les llamó la atención.
Sentado en la parte trasera de la clase había un niño extraño, muy grande – quizás demasiado – y con el rostro oculto tras un libro que impedía que pudieran distinguir sus rasgos. Todos le miraban, pero él parecía absorto en su lectura, ajeno a todos ellos.
Las chicas – muy valientes ellas – intentaron acercarse a él, y lo hicieron lentamente, cogiéndose de las manos y avanzando peldaño a peldaño con las manos temblorosas.
Ya estaban casi al lado, a punto de tocar ese libro, cuando un extraño bufido, les hizo volver rápidamente a su pupitre. Las chicas, lideradas por África, Aitana, Naomi, María y Carmen, corrieron hasta su asiento.
Los chicos, creyéndose más valientes, se acercaron hasta él lentamente e intentaron apartar el libro de su cara, pero el extraño personaje lanzó un estruendoso ronquido que hizo que todos corrieran y se escondieran bajo su pupitre hasta que Cristina, ese ángel de largo pelo negro, entró en clase.
-¿Qué os pasa chicos? – preguntó Cristina, al verles tan asustados
– seño – dijeron todos, muy asustados – hay un extraño niño en la clase
– ¡Mira, mira! – gritaron todos señalando a ese personaje que no podían reconocer
-sí, lo sé – dijo Cristina sonriendo, invitándoles a levantarse y no tener miedo – es un amigo mío, y también vuestro
– ¿nuestro? Pero si no lo conocemos
– sí que lo conocéis… Él viene de muy lejos, y está algo cansado ¿qué os parece si le dejamos dormir mientras seguimos con nuestra fiesta de Navidad?
-¿y podrá dormir?
– sí, ya os digo que está muy cansado…
Los niños, olvidando a ese personaje – o intentándolo al menos – siguieron pintando sus dibujos navideños, cantando sus alegres villancicos y ensayando ese baile que pronto harían en el teatro del pueblo.
Todos estaban felices, todos se abrazaban, todos se sonreían y todos jugaban… Los unos con las otras, las otros con las unas, sin importar el sexo, sin importar el color de su piel, y mucho menos el lugar de origen de cada uno.
Durante toda la mañana esos chicos se lo pasaron pipa, jugando, riendo y queriéndose a su manera…
Fue cuando sonó la campana y todos se tenían que marchar cuando uno de ellos preguntó a Cristina que porqué no se había despertado aún ese extraño niño grande.
-No es un niño, es un hombre – dijo Miguel, quitando el libro que tenía frente a su cara mientras todos le veían dormido plácidamente.
-¡Haaaaaaala! – gritaron todos, observando ese cansado rostro oscuro, de tez negra, que no dejaba de roncar y roncar.
-Dejadle descansar – dijo Cristina a sus chicos – está muy cansado. Viene de muy lejos y no tiene familia. Es muy importante que descanse
-¿no tiene familia? – preguntaron algunos sorprendidos, observando su piel negra como el betún
-¿y pasará solo la navidad? – preguntaron otros, un poco tristes
-podemos invitarle a nuestras casas – dijeron otros inocentemente
-no, no hace falta – les dijo su seño – en navidad tiene mucho trabajo
-pobrecito… – dicen – pero si en Navidad no se trabaja
– él sí
– pero si en Navidad no trabajan ni nuestros papis que están siempre trabajando
– pues él sí, y mucho además. Por eso tiene que descansar
-pobrecito – dijo una de las niñas, levantándose, y dándole un precioso beso en su mejilla antes de marcharse a su casa.
Los demás amigos de clase, con mucho cuidado, hicieron lo mismo. Uno a uno, despacio, en silencio, para no despertarle. Tuvieron tanto cuidado en no hacer ruido que ese hombre casi ni sintió sus besos sobre su piel…
Fue cuando el último de esos niños salió de clase cuando nuestro extraño amigo abrió uno de sus ojos y miró a la profesora. No tardó en sonreírle
– Me alegra que vuelvas a sonreír – le dijo la guapa Cristina
– y a mí – dijo él, sonriendo de nuevo y estirando sus largos brazos y sus poderosas piernas
– decías que no volverías a sonreír esta Navidad… ¿has visto como no te mentía, Baltazar? – dijo Cristina sonriendo
– sí, tenías razón en que este mundo tiene solución. Estaba cansado de tantas guerras, de tanta crisis, de tantas peleas absurdas entre unos y otros, pero esta mañana aquí, en esta clase me ha hecho comprender que el ser humano siempre tiene solución
– pues claro que sí. Estos chicos son maravillosos. Ya te lo dije
– sí. Dale las gracias a tus chicos, a todos y cada uno de ellos
-Se las podrás dar tú cuando vayas a sus casas a dejarle los regalos ¿no?
– sí, y les devolveré el precioso beso que me han dado. Te lo prometo
– vale, pero con cuidado, que no se despierten. Ya sabes que los niños no pueden ver a los Reyes Magos…
– no te preocupes. No me verán, pero sabrán que he estado
– gracias Baltazar. Mis chicos creen en ti. No les falles
– ¿a estos chicos? ¡Jamás! Van a tener el día de Reyes más bonito del mundo. Te lo prometo
– se lo merecen – le dijo Cristina, mientras despedía a su amigo, que se marchaba hasta la puerta donde Carlos le guardaba su camello mágico.

Y colorín colorado…
Este cuento aún no ha acabado,
Y así lo veréis
Cuando llegue el día seis